Casi 6 décadas después de su publicación y de varias propuestas archivadas, Cien años de soledad llega a las pantallas. Se trata de la serie producida por Netflix que se estrenó este 11 de diciembre.

La producción está dividida en dos temporadas y estará a disposición de los más de 200 millones de suscriptores que la plataforma tiene alrededor del mundo.

En ese sentido, la Fundación Gabo, que fue creada por el escritor, ha elaborado una suerte de guía para “revivir, releer o repetir el asombro y las vivencias del pueblo de Macondo”, el icónico pueblo en el que se desarrolla la novela de la familia Buendía.

A continuación, reproducimos algunos fragmentos compartidos por la Fundación en su sitio web oficial que nos permiten adentrarnos en la serie y en el famoso libro.

¿De qué trata Cien años de soledad?

Cien años de soledad es una de las obras cumbres de la literatura universal. Narra la vida de siete generaciones de la familia Buendía en Macondo, un pueblo que conocemos desde su legendaria fundación hasta su final apocalíptico. Los habitantes de la casa de los Buendía y de la aldea conviven con la llegada de extraños, pestes de insomnio, guerras, masacres y sucesivas transformaciones en medio de vaivenes políticos, sociales, inventos prodigiosos y sucesos extraordinarios. Como la imaginación de José Arcadio Buendía, Cien años de soledad va “más allá del milagro y la magia” y su historia ha conquistado el corazón de millones de lectores en todo el mundo. Recientemente adaptada a serie de Netflix, el libro de Gabriel García Márquez sigue posicionándose en el primer lugar de importantes listados de los mejores libros de todos los tiempos y se ha convertido en la obra en castellano más traducida en el siglo XXI.

Algunos episodios destacados de Cien años de soledad

Aureliano Buendía conoce el hielo

En Cien años de soledad, el hielo no es solo un recuerdo portentoso en la memoria infantil del coronel Aureliano Buendía, sino uno de los tantos inventos que llegan a Macondo de la mano de los gitanos y otros vendedores errantes. El témpano prodigioso es, además, la imagen con la que Gabo arranca su obra maestra y con la que consigue uno de los comienzos más brillantes de la literatura universal. La decisión narrativa de ilustrar cómo el asombro anida en lo más cotidiano se cifra en el hielo ordinario, el cual es descrito como “un enorme bloque transparente, con infinitas agujas internas en las cuales se despedazaba en estrellas de colores la claridad del crepúsculo”. En principio, José Arcadio Buendía lo confunde con un diamante. Al tocarlo, su hijo Aureliano aparta la mano pues siente cómo hierve el frío.

Fundación de Macondo

La muerte y el sueño se entretejen en la fundación de Macondo. José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán huyen de su ranchería natal por un muerto. Es Prudencio Aguilar, asesinado de un lanzazo por José Arcadio Buendía después de una ofensa matrimonial en una gallera. Con sus amigos, todos dispuestos a morir de viejos, y huyendo del fantasma sediento de ese muerto, la pareja emprende una travesía sin retorno hacia “la tierra que nadie les había prometido”. Tras cruzar la vertiente occidental de la sierra, acampan a la orilla de un río de aguas diáfanas. En un sueño rodeado de paredes de espejo, José Arcadio Buendía escucha un nombre “que no tenía significado alguno”: Macondo. Allí fundan, con ese nombre, la aldea.

La peste del insomnio

Cuando la peste del insomnio llega a Macondo, los habitantes deben ponerse en cuarentena mientras José Arcadio Buendía se idea diferentes estrategias para contrarrestar el peor estrago de la enfermedad: la pérdida de la memoria. “Todas las cosas de comer y de beber estaban contaminadas por el insomnio”, dice el narrador sobre la enfermedad que se apodera rápidamente del pueblo. Con este suceso, García Márquez conduce a sus personajes a esa espiral de fortuna y desgracia en la que giran a lo largo de toda su historia. Finalmente, la cura milagrosa que trae Melquíades recuerda a las segundas oportunidades que ha tenido el ser humano tras el paso de tantas epidemias históricas.

La ascensión de Remedios, la bella

Aunque Remedios, la bella, hereda la belleza de su madre, a su personaje se le añade una cualidad sobrenatural, que hace que los hombres mueran de “amor” y que, entre los habitantes de la casa y del pueblo, surja un malestar por su conducta ajena a toda convención. De Remedios, la bella, se dice que no es una criatura de este planeta y que su belleza tortura a los hombres incluso después de muertos. De su “hermosura legendaria” se comenta en toda la ciénaga y sus alrededores. Por eso, cuando sucede su ascensión, los lectores no pueden más que impresionarse y volar con ella página arriba a “los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria”.

La masacre de las bananeras 

Por su resonancia histórica y las cifras que contrarían a las versiones oficiales, los más de tres mil muertos de la masacre de las bananeras son ya un evento real para muchos lectores del mundo entero. Y es así por muchas razones: la llegada de la United Fruit Company, multinacional estadounidense que explotaba las plantaciones de banano, dejó tantos estragos en el continente latinoamericano como en Macondo. La desgracia comienza a fraguarse con la llegada de míster Herbert, un extranjero que se sienta a la mesa de los Buendía y, más que probar, calcula y somete a análisis el banano de la región. Días después, el tren que pasa por Macondo trae agrónomos, hidrólogos, topógrafos, agrimensores y abogados que anteceden a la instalación de un campamento de la United Fruit Company. Lo que sigue luego es bastante conocido: la huelga de los trabajadores, a la que acude el gemelo José Arcadio Segundo; en medio de la muchedumbre exaltada, los oficiales leen el decreto firmado por el general Cortés Vargas que “declaraba a los huelguistas cuadrilla de malhechores y facultaba al ejército para matarlos a bala”. Cuando José Arcadio Segundo despierta en el vagón de los muertos, se da cuenta de “los muertos hombres, los muertos mujeres, los muertos niños, que iban a ser arrojados al mar como el banano de rechazo”. Al llegar a Macondo en medio de un aguacero bíblico, los habitantes difunden la mentira de que no ha pasado nada. “Seguro que fue un sueño –insistían los oficiales–. En Macondo no ha pasado nada, ni está pasando ni pasará nunca. Este es un pueblo feliz”.

Un hilo de sangre cruza el pueblo

El único misterio sin resolver de Macondo es la muerte de un personaje: José Arcadio, el hombre de respiración volcánica que un día emprende un viaje y regresa a la transformada aldea tras darle sesenta y cinco veces la vuelta al mundo. Su unión con Rebeca, hija adoptiva de la familia, los expulsa del hogar de Úrsula. Juntos comienzan una vida en una casa en el cementerio, siguiendo una estricta rutina. Una tarde, después de salir a cazar, José Arcadio se encierra en su cuarto y se oye un disparo. Debajo de la puerta aparece un hilo de sangre que recorre el pueblo con tanta orientación que dobla esquinas y baja escalinatas y llega a la casa de los Buendía, donde esquiva una alfombra para evitar mancharla y alcanza al lugar de Úrsula, que grita y sigue el rastro en sentido contrario para encontrar su origen: el oído de su hijo José Arcadio.

Lluvia de flores amarillas 

Cuando muere José Arcadio Buendía, el patriarca de la familia, llueven flores amarillas en Macondo. El hombre cuya imaginación iba más allá del milagro y la magia pasa sus últimos años atado al castaño gigantesco del patio y hablando en una jerga incomprensible que después se sabe que es el latín. Mientras su hijo, el coronel Aureliano Buendía, establece contacto con los grupos rebeldes del interior, a Úrsula le llega una carta suya con la advertencia de cuidar a su padre porque se va morir. En ese estado, el único ser con que tiene contacto es con el fantasma de Prudencio Aguilar. Cuando el carpintero le está tomando las medidas al cadáver para el ataúd, ocurre la lluvia amarilla: “Tantas flores cayeron del cielo, que las calles amanecieron tapizadas de una colcha compacta, y tuvieron que despejarlas con palas y rastrillos para que pudiera pasar el entierro”.

El diluvio de Macondo

Con la memoria borrada de los huelguistas masacrados, el pueblo entero comienza a llorar. O eso parece con el diluvio que azota a Macondo durante cuatro años, once meses y dos días. El aguacero viene con vientos huracanados y tempestades estrepitosas que dan paso a un tedio rutinario. Una de las consecuencias es la incomunicación de Macondo. Los trenes se descarrilan y el servicio del correo se paraliza. En el encierro, después de unas cantaletas de Fernanda, Aureliano Segundo rompe la cristalería, los floreros, los cuadros, los espejos y todo lo que es rompible en la casa y el granero. Como un espejo de esa destrucción doméstica, Macondo también queda en ruinas, con los escombros de la compañía bananera abandonada.

¿Quién fue Gabriel García Márquez?

Gabriel José García Márquez fue un destacado escritor, periodista y cineasta latinoamericano. Nació el 6 de marzo de 1927 en Aracataca (Magdalena), un pequeño pueblo bananero ubicado en la región Caribe de Colombia. En 1938 se trasladó con sus padres a Barranquilla. El título de bachiller lo obtuvo en el Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá en 1946, luego de aplicar exitosamente a una beca de estudios otorgada por el Ministerio de Educación. Un año después se matriculó en Derecho, en la Universidad Nacional y comenzó a publicar sus primeros cuentos en el diario bogotano El Espectador.

Sin embargo, interrumpió sus estudios para convertirse en escritor. En 1954, viajó a Bogotá para trabajar en El Espectador. Como periodista de planta estuvo a cargo de una columna diaria sobre cine. También escribió diversos reportajes, incluyendo las catorce entregas que conformaron Relato de un náufrago, una historia que multiplicó el tiraje del periódico y consolidó el prestigio de García Márquez como narrador. A mediados de 1955, El Espectador lo envió a Europa en calidad de corresponsal. En enero de 1956, el gobierno militar de Gustavo Rojas Pinilla cerró El Espectador y García Márquez, que estaba en París, decidió quedarse en la capital francesa para dedicarse a la literatura. Durante este período y bajo unas condiciones materiales difíciles escribió El coronel no tiene quien le escriba y parte de La mala hora.

Volvió a América a finales de 1957, cuando un amigo periodista le consiguió un empleo en la redacción de la revista venezolana Momento. Se casó con Mercedes Barcha, su esposa de toda la vida. En 1959, aceptó dirigir en Bogotá una sede de Prensa Latina, la agencia cubana de noticias fundada por Fidel Castro. Pasó un corto período en Nueva York como periodista y luego fue con su familia hacia la Ciudad de México. En la capital mexicana residió toda la década de los sesenta y retomó la pasión por el cine. Se dedicó por entero a la producción de guiones y a la escritura de Cien años de soledad.

A partir de la publicación de Cien años de soledad -5 de junio de 1967-, el escritor colombiano se convirtió en una figura pública. Con esa obra alcanzó el Premio Nobel de literatura. García Márquez murió el 17 de abril de 2014.

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