La excepcionalidad y el éxito de las personas consideradas como genios, no se basa exclusivamente en un coeficiente intelectual y talento únicos, sino en una serie de hábitos que todos podemos aprender, cultivar y aplicar para alcanzar nuestras metas y ser más felices, según un catedrático estadounidense. Beethoven, Picasso, Darwin o Leonardo Da Vinci, y en tiempos modernos, Einstein, Jobs o Warhol, son apellidos de genios icónicos, que han transformado la sociedad.
El profesor de Musicología Craig Wright de la Universidad de Yale; ha identificado 14 rasgos de las grandes mentes de la historia, que todos podemos aprender, cultivar y aplicar en nuestra propia vida para mejorarla. Las ideas brillantes no suelen ser repentinas, sino el resultado de una larga gestación, un modo de pensar único, una dedicación constante y unos hábitos ‘secretos’, según desvela Wright.
Wright, imparte desde hace más de dos décadas un curso sobre las características de la genialidad que con el paso de los años acabó convirtiéndose en uno de los más populares de esta prestigiosa casa de estudios estadounidense. En su curso, titulado ‘Explorando la Naturaleza del Genio’, el profesor Wright examina la vida de individuos cuyas contribuciones e ideas brillantes han transformado el mundo y la sociedad. En la cohorte de grandes mentes que aborda en su curso figuran Wolfgang Amadeus Mozart, Leonardo da Vinci, Ludwig van Beethoven, Charles Darwin, Albert Einstein, Pablo Picasso, Charles Dickens, Virginia Woolf, Artemisia Gentileschi, Thomas Alva Edison, Andy Warhol, Steve Jobs.
Wright ha identificado catorce rasgos, que define como ‘hábitos secretos’, que comparten todas esas figuras icónicas y otras grandes mentes de la historia consideradas geniales.
Son rasgos que van más allá de poseer un intelecto extraordinario, un talento especial o una ética del trabajo excepcional, considerados tradicionalmente como los atributos clave de la genialidad que muy pocas personas poseen. El profesor de Yale también considera “una ficción” el famoso ‘momento eureka’, ese presunto instante en el que a una persona genial se le presenta la solución a un problema que hasta entonces nadie había podido resolver, y señala que “las ideas brillantes nunca son repentinas, sino el resultado de una larga gestación y una dedicación constante”.
Este catedrático desmitifica la idea de la genialidad innata y exclusiva, y defiende la hipótesis de que los hábitos mentales que producen grandes descubrimientos los puede aprender y cultivar toda persona que se lo proponga, quien al aplicarlos, se volverá más creativa, curiosa y estratégica, y en última instancia, más feliz, al disponer de más recursos para cumplir sus sueños.
Definiendo la genialidad.
Wright define a un genio como “una persona con poderes mentales extraordinarios cuyos trabajos originales o cuyas percepciones cambian la sociedad de forma significativa, para bien o para mal, más allá de las culturas y del tiempo”. “Aquellos que trabajan en algo que fue creado por otra persona (un guion de cine o una composición musical, por ejemplo) pueden ser talentosos, pero no son genios. La clave para distinguirlos es la creatividad”, puntualiza.
Wright se dio cuenta de que Leonardo, Mozart y otras grandes mentes compartían muchas características que predisponen a la genialidad, como unos extraordinarios dones naturales, el valor, una imaginación vívida, una amplia variedad de intereses y una manera de vivir la vida y el arte en la que lo arriesgaban todo, lo cual le dio fundamento a su exitoso curso en Yale. Señala que “no hay una respuesta ante la simple pregunta de qué es lo que impulsa la genialidad, si el genio nace o se hace”. “Hay dos rutas diferentes hacia la genialidad creativa; una, evidente a primera vista (poseer los dones necesarios), y la otra, más disimulada (la laboriosa superación personal). Ambas son necesarias”, enfatiza.
Para definir la genialidad “nos hemos obsesionado con un don natural en particular, el coeficiente intelectual o CI”, pero en este índice no se puntúan las respuestas creativas o la expansión de posibilidades que generan, según explica Wright, quien a continuación ofrece algunas claves prácticas para cultivar la genialidad en nuestra vida diaria.
Evita el espejismo del prodigio.
“A grandes rasgos, la palabra ‘prodigio’ connota una cosa sorprendente o maravillosa, algo fuera del curso ordinario de la naturaleza, y no necesariamente ligada a la juventud”, según Wright. “Cuando un prodigio crea algo extraordinario, existe la posibilidad de que un padre acostumbrado a rondar alrededor de su hijo haya aportado su propia parte a dicho prodigio”, apunta. Señala que “los prodigios imitan lo que ya hicieron otros. Son ejecutantes extraordinarios en edades tempranas, pero no destacan por ir a la vanguardia en su campo ni por cambiar la dirección de este campo”. En cambio, “los genios crean, cambian el mundo por medio del pensamiento original que altera las acciones y los valores de la sociedad”
“Si tú o tu hijo tienen como meta ingresar en el panteón de los genios, en lugar de entrenar como un demonio una sola disciplina dominada por reglas, trabaja para desarrollar la independencia de pensamiento y de acción, y la capacidad para lidiar con el fracaso”, recomienda Wright.
Desarrolla el deseo de aprender.
“Llámalo deseo de aprendizaje, pasión por el saber o curiosidad poderosa: todas estas características impulsan lo mismo y todos las tenemos, aunque en diversos grados”, recalca Wright, en su libro ‘Los hábitos secretos de los genios’.
“Para los genios, más que para las demás personas, el deseo de entender es equiparable a una comezón. Las grandes mentes se irritan cuando encuentran un problema misterioso y desean encontrarle solución. A esas mentes no les importa experimentar la incomodidad para satisfacer su curiosidad”, explica. Y ¿cómo podríamos los que no somos genios cultivar el deseo de aprendizaje más allá de los obvios actos de lectura y la asistencia a conferencias.
Wright presenta algunas ideas para conseguirlo que podemos aplicar todos los días, como “estar predispuestos a recibir experiencias nuevas y no familiares, animarnos a hacer algo que nos asuste; ser intrépidos; hacer preguntas, escuchar con cuidado la respuesta para aprender algo nuevo y volver a preguntar”.
Encuentra la parte que falta.
“Todos los individuos creativos (compositores, pintores, escritores, programadores, arquitectos, abogados y chefs) han experimentado un estado en el que fluyen cuando buscan la parte de algo que les falta. La felicidad se les acerca lentamente. El tiempo vuela, se olvidan de revisar su correo electrónico, incluso de comer”, señala Wright.
“En el curso de su vida, Edison cometió miles de fallos durante el desarrollo de sus invenciones, pero varias veces y de distintas maneras, este inventor dijo que no había fallado, sino que simplemente había encontrado muchas formas en las que algo no funcionaba”, señala.
“Pero finalmente Edison encontró 1.093 maneras en las que las cosas sí que funcionaron. Ese es el número de patentes que registró con éxito, lo cual sigue constituyendo un récord en Estados Unidos”, recalca.“La genialidad surge de un ímpetu diferente. Una revisión de los genios revela un rasgo común en todos ellos: no pueden aceptar el mundo como se les describe”, destaca el profesor Wright.
Aprende a concentrarte.
“Ya surjan de cavilaciones borrosas o de una concentración analítica intensa, las ideas con capacidad de cambiar el mundo han de ser concretadas, verificadas y divulgadas para que tengan su impacto transformador. Tanto el análisis como la ejecución requieren trabajo duro y concentración”, según Wright.
Señala que “todo genio tiene un tiempo, un lugar y un ambiente para hacer y terminar su trabajo” y que “se puede llamar a esto hábito, rutina, horario o ritual” . Wright recomienda cultivar este hábito y seguir el ejemplo del pintor Chuck Close, quien dijo “la inspiración es para aficionados; el resto de nosotros solo llegamos y nos ponemos a trabajar, pero yendo un paso más allá”.
“No te interrumpas con búsquedas distractoras ni correos electrónicos. Date confianza y aliento colocando a la vista símbolos de tus logros previos (diplomas, certificados), así como retratos de tus ídolos, héroes y heroínas”. “El proceso creativo mismo es temible y muchas veces, un gran trabajo parece de pronto no tener valor, pero apoyarte en algunos trucos y rituales simples te puede ayudar a levantarte después de caer e intentarlo otra vez mañana”, concluye Wright.
Ricardo Segura.
EFE – Reportajes
