Opinión | Ana Esquivel
Cada segundo domingo de mayo, Estados Unidos se llena de flores, tarjetas y desayunos en la cama para celebrar el Día de las Madres. Pero para millones de madres latinas, ese gesto simbólico contrasta con una realidad mucho más dura y constante: la falta de políticas públicas que les permitan cuidar a sus familias con dignidad y estabilidad.
Las madres latinas no solo cuidan; también sostienen. El 52% son el único sustento económico de sus hogares en EE.UU.. Y, sin embargo, la mayoría no tiene acceso a licencias pagadas, a servicios de salud en su idioma ni a cuidado infantil asequible. De hecho, solo el 24% de los trabajadores latinos recibe licencia familiar pagada a través de su empleador. Esta desconexión entre lo que se celebra y lo que se vive es un reflejo de un sistema que no reconoce el valor económico y social del trabajo de las madres, especialmente de las inmigrantes.
Lo escuchamos todos los días: mujeres que no pueden faltar al trabajo para llevar a su hijo al médico, madres que deben elegir entre pagar la renta o una niñera, abuelas que cuidan nietos sin ningún apoyo. No es solo una cuestión de reconocimiento simbólico, sino de voluntad política.
“Las madres latinas no queremos reconocimientos un día al año; necesitamos políticas que nos apoyen los 365 días. Eso significa poder cuidar de nuestros hijos sin miedo a perder el empleo o quedarnos sin ingresos”, dice Xóchitl Oseguera, vicepresidenta de Mamás con Poder.
“Invertir en las madres latinas es invertir en el futuro del país. No somos una carga, somos el corazón económico y emocional de millones de hogares”, concluyó.
Este Día de las Madres, no regalemos solo flores. Regalemos compromiso: con licencias pagadas, con servicios de salud dignos, con acceso a cuidado infantil de calidad. Porque cuando una madre puede cuidar sin temor, toda una comunidad florece.
