Por José Donis y Xavier Reyes
Lo que comenzó como un rutinario viaje de negocios se convirtió en una pesadilla. Pasadas las 5 de la tarde del martes pasado, Sean Garber, CEO y propietario de Grade A Autoparts, se aprestaba a abordar un vuelo de Jacksonville, Florida, hacia Scottsdale, Arizona. Su teléfono sonó. Era una videollamada de FaceTime de una de sus colaboradoras. Cuando contestó, solo escuchaba gritos desesperados. En la pequeña pantalla, solo veía imágenes de humo y fuego.
Nunca hubiera imaginado, ni en el peor de los escenarios, lo que estaba sucediendo exactamente a esa misma hora: la planta de Louisville, Kentucky, estaba ardiendo en llamas.
Grade A Autoparts and Recycling es una compañía dedicada principalmente al reciclaje y comercio de chatarra, de partes de vehículos. A diario, decenas de clientes han acudido a este lugar en busca de los repuestos que necesitan para sus carros. Las instalaciones en Louisville están a pocos metros de la pista del aeropuerto, en la parte sur de la terminal, justo en la zona donde ese 4 de noviembre, a las 5:15 pm, un avión de UPS perdió el control al despegar y se precipitó sobre varios negocios, dejando una estela de dolor, pérdidas y víctimas.
Al otro lado del teléfono, la voz de su colaboradora se quebraba. La mujer solo lloraba y gritaba de desesperación, sin saber qué hacer.
“¡Parece un temblor, las luces se apagaron; Dios mío, el cuarto de los metales explotó!”, decía, en pánico, mientras volteaba su teléfono para indicarle a su jefe lo que estaba sucediendo. La oficina de Louisville se había convertido en el epicentro de un desastre.
Al compartir su experiencia con Al Día en América, Sean confiesa que, aun viendo esas imágenes, jamás se hubiera imaginado la magnitud de los hechos. “Fue de una brutalidad irreal”.
“No tenía sentido para mí, ¿cómo una oficina podría estallar así?”. Sin embargo, poco a poco, más gritos se sumaron a la llamada. Escuchó que alguien gritaba: “¡fue un avión, un avión que se estrelló!”.
En ese momento, el CEO y dueño de Grade A se dio media vuelta y buscó la manera de llegar a Louisville. Como el aeropuerto estaba cerrado, llegó al día siguiente. Se encontró con una ciudad convulsionada y toda el área del accidente cercada por seguridad.
Hizo la gestión para que se le permitiera el paso y logró ir hasta donde durante más de 20 años fue su oficina. “Fue devastador. Nuestra instalación parece ser la ‘Zona Cero’”, dice sin añadir mayores comentarios, con dolor y en voz baja.
El fuselaje del avión impactó exactamente donde se encontraban sus oficinas. Dos décadas de historia y trabajo se habían convertido en fuego, humo y escombros.
El dolor
Grade A contaba con unos 35 empleados y al menos 20 se encontraban trabajando en el momento del impacto.
Debido a las investigaciones y a que guarda prudencia frente al dolor de las familias, Sean prefiere no precisar datos exactos de las víctimas. Hasta el cierre de esta nota se sabía que al menos tres de sus empleados fallecieron (Megan Washburn, John Loucks y otro de quien no se ha dado a conocer la identidad) y otro que resultó gravemente herido y fue llevado al hospital. Este último de origen latino.
La cadena local WLKY recogió el testimonio de Robert Sanders, empleado de la compañía que resultó ileso y que vivía allí. “Se fue la luz y cuando salí a ver qué pasaba, solo vi una bola de fuego. Pensé que era el fin del mundo”. Además, aseguró que perdió a varios de sus amigos.
Para el caso de Grade A, la tragedia golpea muy de cerca a la comunidad hispana, que ha mantenido una estrecha relación con la empresa. Así lo reconoce Sean, quien sostiene que el vínculo que mantiene con sus trabajadores y clientes latinos es muy fuerte.
Sean contó que el empleado latino que se encuentra hospitalizado con graves quemaduras y otras lesiones está siendo atendido y que se encuentra en contacto con sus familiares para respaldarlos en este momento.
Las pérdidas económicas no han sido aún determinadas, pero sin duda la evaluación es desalentadora, pues a simple vista todo quedó destruido. Lo que alguna vez fueron oficinas y patios con carros ahora son ceniza y metales fundidos inservibles.

A la espera de respuesta oficial
Grade A, hasta el viernes por la tarde, no había sido contactado por UPS ni por las autoridades de la ciudad.
“No hemos escuchado nada. Nada del gobierno, nada de UPS, nada de apoyo (económico o logístico) de ellos para los negocios que fueron directamente destruidos”, afirmó.
Por su parte, la aerolínea de carga de UPS emitió una declaración expresando su profundo pesar y tristeza. El gobernador de Kentucky, Andy Beshear, y el alcalde de Louisville, Craig Greenberg, activaron todos los recursos para atender la emergencia, que hasta el momento de esta nota, registra 14 muertos y una decena de desaparecidos.
La Junta Nacional de Transporte y Seguridad (NTSB) ya tiene la “caja negra” (grabación de los pilotos y datos del vuelo) del avión siniestrado y con esa información elaborará un informe final.
Mientras tanto, varios negocios y personas particulares han presentado ya demandas por las pérdidas.
