Las familias estadounidenses, incluidas las de Kentucky, están enfrentando dificultades económicas debido al aumento del costo de vida. La inflación, las políticas federales, los aranceles y el conflicto con Irán han contribuido a elevar los precios de bienes y servicios esenciales.

Para muchas personas, pagar la renta, hacer las compras del supermercado o llenar el tanque de gasolina se ha convertido en un desafío cada vez mayor, dejando poco margen para gastos como salir a comer o disfrutar de unas vacaciones de verano.

Como gobernador, mi prioridad es apoyar a las familias de Kentucky. Cada dólar que logramos ahorrarles es dinero que pueden destinar a las necesidades de sus hogares.

Por esa razón, mi administración presentó una regulación de emergencia para mantener congelado el impuesto estatal a la gasolina en 26.4 centavos por galón, evitando que aumente a 27 centavos el próximo 1 de julio. También firmé una orden ejecutiva para reducir temporalmente ese impuesto en 10 centavos, una medida que ayudó a disminuir los precios de la gasolina y el diésel en todo el estado.

Estoy convencido de que el gobierno debe actuar cuando puede aliviar la carga económica de la población. Kentucky cuenta con los recursos necesarios para absorber cualquier impacto financiero derivado de esta medida.

Sin embargo, algunos líderes republicanos en la Asamblea General en Frankfort, se han opuesto a estos esfuerzos para reducir los costos de combustible y han llegado a calificarlos como una estrategia política.

Ante esas críticas, surge una pregunta: si consideran que esta medida es simple política, ¿porqué no dicen lo mismo del presidente Donald Trump, quien también ha impulsado una suspensión temporal del impuesto federal a la gasolina para ofrecer alivio a los consumidores?

De hecho, recientemente le envié una carta al presidente expresándole mi apoyo a esa propuesta. En la misma comunicación, también le pedí que trabajara para resolver el conflicto con Irán y contribuir a la reapertura del estrecho de Ormuz lo antes posible, una ruta clave para el suministro mundial de petróleo.

La realidad es sencilla: el precio de la gasolina no tiene partido político. No es un asunto demócrata ni republicano. Es un problema que afecta a todos cuando los precios se disparan.

Aunque en muchos temas no estoy de acuerdo con el presidente Trump, coincido en que reducir el costo de la gasolina para ayudar a las familias estadounidenses es una medida acertada. Lo que no ayuda a nadie es convertir este asunto en una pelea política.

Este noviembre, pregúntese quién defendió realmente su economía familiar. ¿Sus representantes estatales y senadores priorizaron aliviar los gastos de los ciudadanos o respondieron a otros intereses? ¿Respaldaron esta propuesta o se opusieron a ella? ¿Coincidieron conmigo o, con Donald Trump?

Gov. Andy Beshear

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