En las últimas semanas, una tendencia alarmante ha comenzado a emerger en el estado de Texas, donde personal religioso, desde monjas en pleno hábito hasta pastores en viajes de servicio, está siendo interceptado y detenido por agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), desatando una ola de indignación y temor en la comunidad de fe.
El Rosario frente a las armas
El caso que rompió el silencio fue el de la Hermana Leticia “Letty” Ugboaja, una religiosa de 56 años de la congregación Hijas de María Madre de la Misericordia. El pasado 28 de junio, mientras caminaba hacia la misa dominical en McAllen, vistiendo su hábito y meditando en las lecturas del día, fue abordada por dos hombres armados. Con nada más que su rosario, su celular y sus llaves, la Hermana Leticia sintió un “sudor frío” y el latido acelerado de un corazón que no lograba comprender por qué su camino al altar terminaba en un centro de detención.

A pesar de tener protección legal desde 2019 contra la deportación a su natal Nigeria —donde corre el riesgo de ser torturada—, la religiosa fue detenida bajo el pretexto de ser enviada a un “tercer país”. “Para mí, como monja, no ir a misa el domingo, no recibir la Comunión, fue algo muy, muy doloroso”, expresó con la voz entrecortada durante una conferencia de prensa reciente.
Pastores bajo presión: El dilema en el aeropuerto
Esta no es una historia aislada. La sombra de la detención alcanzó también a los pastores Nepthali Zozaya Saucedo y Cinthia Sarai Cardona Otero, líderes de la Iglesia Comunidad Cristiana Emmanuel en Edinburg. La pareja, que viaja con visas religiosas R y tiene tres hijos ciudadanos estadounidenses, fue interceptada en el Aeropuerto Internacional de McAllen cuando se dirigían a un retiro espiritual.

Lo más preocupante de su relato son las tácticas de presión. Desde el centro de detención, el pastor Zozaya denunció que los agentes los instaron a firmar documentos de “salida voluntaria”, amenazándolos con periodos prolongados de encierro y, lo que es más cruel, con la separación de su familia. Líderes de la Red Nacional Cristiana Latina han calificado estas acciones como una violación directa al debido proceso y una táctica de miedo inaceptable.
Un análisis de la agresividad migratoria
Lo que estamos presenciando en Texas parece ser un cambio hacia tácticas inusualmente agresivas bajo la actual administración, que ha hecho de las deportaciones masivas una prioridad central. El uso de la política de “remoción a terceros países” está permitiendo que personas que ya gozan de protecciones legales contra la deportación a sus países de origen sean arrestadas de forma inesperada.
Este fenómeno no solo afecta a los individuos, sino que golpea el corazón de las congregaciones. La Hermana Leticia es enfermera registrada y ha servido en el sistema de salud local por más de una década; los pastores Zozaya y Cardona han dedicado años a guiar a jóvenes y familias en el distrito hispano de las Asambleas de Dios.
La demanda de los líderes de fe es simple pero profunda: que antes de que alguien sea arrebatado de sus hogares, sus parroquias o mientras caminan por la calle, se les dé la oportunidad de ser escuchados. Mientras tanto, en las iglesias de Texas, la oración por la libertad de los pastores se mezcla con la vigilancia constante, recordándonos que en estos tiempos, ni siquiera el hábito religioso parece ser un escudo suficiente contra la dureza de las políticas fronterizas.
