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Natalia Bishop es una colombiana que nunca se cansa. A sus 38 años, se ha convertido en un referente de la comunidad latina de Louisville por su destacada trayectoria en el mundo de los negocios y, especialmente, por su tenacidad para apoyar los emprendimientos desde un enfoque de inclusión.

En esta entrevista con Al Día en América, hace un recorrido por su trayectoria. Cuando llegó a Louisville a los 17 años y tuvo que trabajar hasta en las madrugadas, así como los motivos para fundar Story, un estudio de 1.500 pies cuadrados ubicado en la zona de NuLu (New Louisville).

La hoja de vida de Natalia es interminable: también ha creado el estudio Chocolate Box Photography y la firma Level Up. Es socia de Renew Venture Capital y directora de Innovación y Emprendimientos de la Universidad de Louisville. Y confiesa que aún tiene mucho por hacer.

Natalia Bishop, inversionista, fundadora. Innovation and Entrepreneurship at UofL.

Su familia, a veces le sugiere que pare, pero ella siente que su compromiso con los demás, sobre todo con los grupos más marginados, la tiene en pie buscando opciones, abriendo espacios, generando comunidad. Emprendiendo. Siempre con una sonrisa. 

¿Cómo fue la llegada a Louisville?

“Llegué con mi mamá, mi abuelita, hermano y hermana. Era junio. Imagínense, veíamos que los días duraban hasta las 9:30 de la noche. Nosotros llegamos a esa hora y el sol estaba afuera. Nos preguntábamos: ¿y esto cómo es?, ¿qué está pasando?. Cuando llegamos, mi mamá no podía trabajar, porque no sabía inglés y además tenía un problema en los riñones. Entonces, mi hermano (Andrés) y yo éramos los que trabajamos. Yo acababa de cumplir 17 años y mi hermano, 19”.

¿Dónde trabajaron?

“En UPS (United Parcel Service), porque tenían un convenio con la Universidad de Louisville. Si usted trabajaba desde la medianoche hasta las 4:00 am le pagaban la universidad. Por eso vinimos acá, porque mi mamá nos dijo ‘trabajan, tienen seguro de salud y pueden ir a la universidad’.

Pasaron las estaciones y me acuerdo que saliendo de UPS a las 4 de la mañana veía una nevada y los copos de nieve… Yo pensaba que estaba en Harry Potter, era la cosa más linda del mundo”.

¿Cómo ha sido el paso del tiempo desde aquellos años?

“Nosotros llegamos y no había muchas personas latinas, no había ese sentido de comunidad. Uno se encontraba con alguien por ahí, pero era muy de vez en cuando”.

¿Difícil para una familia colombiana, donde prevalece el calor humano de la gente?

“Sí, fue un choque cultural que hace que uno se una más a la familia. Nosotros sabíamos que veníamos a trabajar duro. En Colombia el trabajo de un joven es estudiar y sacar buenas notas. En cambio, llegar acá fue para ser responsable de una casa”.

Estas fotos, cortesía de Natalia Bishop, hablan por si solas, de la vida de una mujer emprendedora y su historia de trabajo duro para lograr el éxito.

… responsable de una familia.

“Yo soy la hija de en medio. Somos tres: mi hermano, que es dos años mayor que yo, y mi hermanita (Daniela), seis años menor. Mi mamá era, como decimos nosotros, ‘una verraca’: trabajaba como una mula y era madre soltera que venía con tres hijos. Y también vino mi abuelita. Un matriarcado, mejor dicho. Pero cuando uno ve a sus padres reducidos en el sentido de que mi madre no trabajaba y no podía hablar inglés, la dinámica cambia. Uno se ve forzado a crecer rapidísimo. Aunque tenía 17 años, me tocó ser, en cierto modo, cabeza de familia, pero con la estructura hispana; es decir, de que tú aportas, pero tienes que respetar a tus papás. Creo que esa es la experiencia de muchos niños cuando llegan por primera vez a Estados Unidos, tienen que contribuir bastante. Les toca hacer de traductor entre sus papás y el colegio o lo que sea… y bueno, eso me cambió la vida”.

¿Se fue templando el temperamento?

“Sí, seguía en la universidad y haciendo tantas cosas con tres trabajos. Trabajaba en UPS hasta las 4 de la mañana, me dormía dos o tres horas y me iba a la universidad de 8 hasta las12 pm. De 12 a 4 de la tarde iba a State Farms a vender seguros. Y de las 4 hasta las 10 pm., trabajaba en Applebee’s”.

¿A qué hora descansabas?

“No se descansaba, estaba flaquita. Pero fue muy chévere, porque pude conocer gente de Nigeria, Senegal, muchos refugiados, de México, Guatemala. Y, era ese sentido de que hay otras personas que están pasando por experiencias tan interesantes que uno dice ‘bueno, la tengo difícil, pero mira a esta persona que viene de una comunidad de África, donde no hay agua’. Yo nunca pasé por eso, y las cosas adquieren un sentido de compasión y de empatía”.

¿Qué estudiaste en la universidad?

“Mi sueño era ser animadora de Pixar. Trabajar en esas cosas de diseño y animación de muñequitos, como se les dice en Colombia. Las películas siempre me han encantado. La decisión era irme a estudiar eso a California y dejar a mi familia, pero me dije ‘eso no lo puedo hacer’. Siempre buscaba algo creativo, cosas de diseño, y entré al Jefferson Community & Technical College (JCTC). Allí empecé y me gradué en una ‘associate’ de diseño. Luego fui a la Universidad Sullivan, a estudiar culinaria, como me encanta cocinar me fue súper bien hasta que llegó la parte del horneado de pasteles. Y hacer pasteles es como una ciencia exacta… Hay que seguir las instrucciones, los pasos, y yo para eso no sirvo. Me costó muchísimo trabajo, así que me di cuenta de que la vida de chef es muy exigente: uno nunca está los sábados o los domingos con su familia… Era muy demandante para mí. ¡Aunque algún día algún día seré dueña de un restaurante!”.

¿Dejaste Sullivan?

“No la terminé pese a que nada más me falta el semestre de los postres. Entonces, dije ‘bueno, vamos a ver qué puedo hacer en la parte de negocios que siempre me ha gustado’. Mi primer negocio fue cuando tenía como 10 años en el colegio, vendiendo sandwiches, porque la comida de la cafetería no era muy rica. Entré a la Universidad de Louisville e hice ‘Business Administration’. Al mismo tiempo, ya iba por la parte de administración, estaba en ventas con una compañía que se llama ‘Limited Brands’, seguía en UPS y trabajaba de noche. Luego me casé y tuve mi primer bebé.

¿A qué edad te casaste?

“En el 2008 y tenía 23 años, todavía estaba yendo a la Universidad”.

¿Te casaste con un compañero de la universidad?

“No. ¡Nos conocimos en eHarmony! (sitio web para conocer pareja). Estaban comenzando las citas en línea”.

¿En eso también fuiste pionera?

“Es culpa mi mamá (risas). Porque yo tenía un novio de muchos años, y las cosas no iban bien. Cortamos y duré soltera como un año y medio. Como trabajaba tanto, no me importaba. Pero mi mamá me decía ‘usted no hace sino trabajar y estudiar, uno no puede vivir así’. Entonces salió el comercial de ‘eHarmony’ en la televisión y me dijo: ‘si usted no hace esa página, se la voy a hacer yo’. Imagínese, me sentó a hacer la página. El resto es historia, ahí conocí a Steve, que fue mi único ‘match’. Ahora llevamos 14 años casados. Cuando tuve mi primer niño, me cambió totalmente. Me preguntaba cómo le voy a pedir que siga sus sueños, que haga lo que le hace feliz, si yo no estoy haciendo lo mismo”.

¿Qué había cambiado?

“Yo seguía mi vida. El ‘college’, el trabajo corporativo. Estaba ganando bien para una persona de 23 años. Pero nunca estaba con la familia porque siempre estaba trabajando. A veces, la vida corporativa ahoga la innovación, las ideas nuevas. Yo sabía que quería salir del molde con algo creativo y también corporativo, de negocios, pero no seguir la misma línea que sentía que me estaba estancando”.

¿Se dio el dilema de asumir riesgos, cambiar todo?

“Estaba pensando que podía tener una pausa, porque venía en ese tren de trabajo desde que tenía 17 años. Nunca tuve tiempo de pensar qué es lo que quiero, si no que todo fue como venía. Después de tres o cuatro meses de no hacer nada por la maternidad, la primera idea que se me vino fue volver a mi creatividad. Uno necesita dinero para sobrevivir, pero también necesita estar bien.

En ese momento, vi que llevaba muchos años sin pintar. ¿Y si me pongo a pintar y a hacer cuadros y se pueden vender? De pronto, empecé a pensar en cómo monetizar, en vender online. No sabía qué más hacer hasta que empecé a tomarle fotos a mi niño. Le había comprado una cámara de fotos chévere a mi esposo, porque él es muy técnico, es ingeniero. No la usaba y empecé a buscar tutoriales de cómo hacer buenas fotos. Varias personas las vieron y me pedían que les tomara fotos. ‘Esto puede ser un negocio me dije’. Una amiga me contó que su hermana se iba a casar y yo le tomé las fotos. Las puse en un website y ¡pum, soy fotógrafa! Gracias a Dios tenía un poco de ahorros y mi esposo me apoyó. Yo quería quedarme en casa con el niño y abrir un estudio”.

Un sueño que se hace realidad

En 2016, Natalia fundó ‘Story’ como un estudio de 1500 pies cuadrados para fotógrafos, pues ella había incursionado en ese arte con éxito. Con el pasar de los años, el espacio se convirtió en el sitio de encuentro de artistas y emprendedores que buscaban un lugar para trabajar.

En 2017 se sumaron 12 mil pies cuadrados en el edificio ‘The Center By Sidis’. “Más que un espacio físico, ‘Story’ es un sueño hecho realidad para impulsar a más personas”, dice Natalia.

Natalia Bishop Fundadora de Story Louisville. Foto J. Donis

¿Cómo nació la idea de Story?

“Primero abrí un estudio, que se llama ‘Chocolate Box Photography’. Ahí arranqué, fueron cuatro años haciendo fotografías. Me fue súper bien, tenía el estudio en mi casa y mi modelo de negocio ya estaba (probado) al año y medio. Ganaba lo mismo que en mi trabajo corporativo. Me estaba yendo súper bien. A los tres o cuatro años, tuve a mi otra hija. Empezaron a ir al colegio, al prekinder, y me dije ‘ahora sí vamos a arrancar con todo; a poner un estudio de verdad’.

Me fui a ‘Butchertown’ y encontré un sitio que costaba 2 mil dólares la renta. Busqué a cuatro personas más y les planteé hacer un colectivo. Conocía a mucha gente en la comunidad de fotógrafos, teníamos contacto online, en Facebook. Nos hablábamos y nos encontrábamos una vez al mes. Hasta que nos unimos cuatro mujeres y dijimos vamos a poner el negocio. Nos repartimos la renta. Era el 2014 o 2015, y en ese momento no se sabía ni qué era el coworking y nos fue súper bien. Los cuatro negocios empezaron a subir y hasta me tocó contratar a otra fotógrafa para mi propio estudio. Me di cuenta de que había un efecto multiplicador, porque en la colaboración, con transparencia, se podían encadenar los conocimientos”.

La idea del coworking

“Fui con mi mamá y tomamos los ahorros. Abrimos y ahí fue donde empezó ‘Story’, porque está en ‘Story Avenue’ y porque nosotros somos las historias de nuestra ciudad. Abrimos el modelo de membresías. Fue ‘mira, tú dame 50 dólares y puedes venir a trabajar aquí con wifi, café’. Eso sería más o menos 2016 y seguí con ‘Chocolate Box’. ‘Story’ comenzó un poco lento”.

Una iniciativa que recién se estaba consolidando

“‘NuLu’ ya tenía algunas cosas de gente que estaba haciendo algo chévere. Yo lo que hice fue conectarme con los emprendedores. Empecé a hablar con un montón de gente y me decían lo mismo: es que no hay recursos, ni capital, ni entrenamiento”.

¿Fue difícil reunir fondos para los emprendedores?

“Casi todos eran hombres blancos. Me di cuenta de que no había mujeres, no había personas de color, no había latinos. Era como que a pesar de tener la mejor idea del mundo, no ibas a ganar. Es muy diferente a lo que es en San Francisco o New York, donde tú llegas con una idea y hay quien te escucha y te dice ‘conéctate con tal persona o vente’. Al año y medio del coworking en Butchertown nos fuimos a ‘NuLu’ a un edificio de 5 mil pies. Y cambié el modelo un poco más, no solamente membresía, sino oficinas, un estudio de fotografía y fuimos creciendo. Se fue estableciendo la marca ‘Story’. Estando con gente, a uno se le van pegando las ideas”.

‘Story’ se convirtió en una marca

“Me di cuenta que muchas de estas personas que estaban lanzando cosas eran gente normal. Uno ve que Mark Zuckerberg (dueño de Facebook) es un superhéroe, pero no. Es gente inteligente, que tienen confianza en sí mismos, en que nadie los va a parar. Y dije ‘si esa gente puede, ¿por qué yo no?’”.

El crecimiento superó las expectativas iniciales

“Yo tenía la idea de traer más gente. Hicimos, clases creativas. Como yo tenía una buena red de mujeres creativas, y lo que hacíamos era decir “venga, sea profesora de tal cosa, de coser, y demos una clase. Yo vendo los tickets, te traigo 20 personas y te doy 150 dólares. Fue como un método de marketing para atraer personas al lugar y terminó siendo un negocio. Saqué ‘Level Up’ en NuLu en 2017”.

¿Cómo fue la parte de conseguir el capital?

“Esa parte fue atroz. Fui al banco y no me daban préstamos. Pero teníamos una publicación llamada Louisville Business First y conocí a un amigo que tenía inversiones. Le pregunté, conversamos y me presentó al inversionista que me prestó 200 mil dólares. Si yo no hubiera conocido a esta persona, no hubiera sido posible ‘Story’. Ahora, estamos pensando en otro local para el siguiente año”.

¿Cómo afectó la pandemia a ‘Story’?

“La parte difícil fueron los eventos. El 30% de nuestro ingreso viene de eventos y como todo se paró por dos años, perdimos mucho. Pero en la parte de las oficinas solo perdimos un cliente. Mucha gente no podía trabajar en su casa y venía aquí, como que a escapar, jaja. Ahora tenemos casi 200 miembros, entre oficinas dedicadas y gente que simplemente viene con su laptop y trabaja todo el día. Los que no venían seguían pagando, también hicimos eventos virtuales, para que la gente siguiera saludable. Siempre identificando las necesidades de la comunidad para traerla. Ese era el otro negocio, ‘Level Up’, que lo lanzamos en 2017 (a la par de ‘Story’) y en 2018 ya estaba pensando en cómo hacerlo para escalar. Nos estaba yendo muy bien, lo llevamos a Lexington y lo que uno piensa primero es en una franquicia. Pero pensé qué pasaría si le pongo tecnología. Contacté a un amigo en Colombia que tenía su propia compañía de desarrollo tecnológico y le propuse trabajar juntos y lanzamos el producto en febrero de 2020”.

En las puertas de la pandemia

“Nos tocó hacer un cambio gigante, porque nuestras clases eran en persona. El software era para traer a la gente y vender los boletos. Hicimos las clases en vivo, pero por Internet. ¡Y eso despegó! Teníamos 5 mil usuarios, gente de todo el mundo, gente en India tomando clases de profesores en Canadá. ‘Level Up’ ya no era solo una propuesta específica para mujeres y clases de craft (artes manuales, artesanías), sino de finanzas. Teníamos (el portafolio) abierto para que quien sea experto en algo proponga. Nos empezó a ir muy bien, teníamos 5 mil usuarios y casi 250 mil dólares en ingresos. Todo eso pasó en un período de cinco meses. Como esto iba pegando con mi primera empleada, que pasó a ser ‘co-founder’, decidimos hacerlo de verdad y otra vez me tocó ir a buscar capital. Pero esta vez ya no necesitábamos 200 mil dólares, sino un millón”.

¿Un millón de dólares?

“Ya tenía una compañía de tecnología a escala, que si nos quedamos en varias locaciones, va a llegar a unos 20 millones de dólares al año. Estamos hablando de cientos de millones, a escala global. Es un juego totalmente distinto. Cambió mi manera de pensar y, a la vez, decidí enfocarme en hacer mentoría a mujeres negras y latinas. Empecé a hacer mi ‘fundraising’ (levantamiento de fondos) del millón. Hablé con 118 inversionistas y con un grupo bastante grande de Indiana. Pasaron seis o siete meses hasta que me respondieron que estaban muy felices con todo, pero que se debe esperar a ver qué pasa hasta el ‘sprint’ (avance del trabajo). Personalmente, me dio muy duro, porque ya tenía siete meses de estar poniendo la cara ahí y te cansas”.

¿Cuál fue la opción?

“Empecé a buscar mucha de la literatura de ese momento. Había un artículo de ‘Forbes’ que decía que 59 mujeres latinas en toda la historia de ‘Venture Capital’, que mueve como 200 billones de dólares al año, habían conseguido más de un millón. Y yo no tenía ninguna duda de que podía ser la número 60. Entonces, había como una barrera invisible que no estaba viendo. Me dio desilusión con el sistema. Me pregunté por qué no podía, qué estaba pasando. Me di cuenta de que, aunque yo tenía mi familia, salud, la casa, el carro, lo que en realidad quería era lograrlo y buscar otro camino. Entonces, me fui a ‘Stanford’ en 2021 y en febrero de este año me uní a un fondo de ‘Venture’, que se llama ‘Renew VC’, que tiene un enfoque en emprendedores con proyectos a escala”.

¿Qué planes vienen para el 2023?

“Algunas inversiones. Vamos a triplicar la cantidad de espacio, quiero enfocarme en incubación. Si miramos a los emprendedores latinos, nos enfocamos en comida, productos que van directo al consumidor, textiles, en cosas artesanales, podemos ver cómo hacemos para dar el salto y ayudar a más emprendedores”. 

¿Y tu familia no te pide parar un poco?

“¡Mi esposo todos los días me dice eso! Pero yo nunca me voy a retirar. Jamás. ‘¡Es que no se puede parar!’ El dinero es un motivador, pero no es lo más relevante. El ser emprendedor es la manera más rápida y más accesible para cambiar la vida de una persona. Y nosotros los inmigrantes somos los mejores emprendedores. Los datos están ahí y es una realidad”.

Negocios, empatía, inclusión, mujeres

“Esa es mi experiencia personal. Yo sé lo que ha sido ser la única mujer en la mesa y que te hagan menos. Y si uno no viene a servir, entonces a qué viene. Yo vengo a ser feliz y lo que me hace feliz es ver a la gente feliz”.

English version below…

Natalia Bishop, inversionista, fundadora. Innovation and Entrepreneurship at UofL.

Natalia Bishop, the Colombian who came to Louisville to succeed in the business world

Natalia Bishop is a Colombian who never tires. At 38 years old, she has become a benchmark in the Latino community of Louisville due to her outstanding career in the business world, especially by her tenacity to support ventures from an inclusive approach.

In an interview with Al Día en América, she takes us on a tour of her track record. Back when she arrived in Louisville at the age of 17 and had to work until dawn, as well as the reasons for founding Story, a 1,500-square-foot studio located in the NuLu area (New Louisville).

Natalia’s resume is endless: she has also created the Chocolate Box Photography studio and the firm Level Up. She is a partner at Renew Venture Capital and Director of Innovation and Entrepreneurship at the University of Louisville. And confesses she still has a lot to do.

Her family sometimes suggests she stop, but she feels her commitment to others, especially to the most marginalized groups, keeps her on her feet looking for options, opening spaces, and generating community. Undertaking. Always, with a smile.

How was the arrival in Louisville?

“I arrived with my mother, my grandmother, brother and sister. It was June. Imagine, we saw that the days lasted until 9:30 at night. We arrived at that time and the sun was out. We asked ourselves: what is this like? What is happening? When we arrived, my mother couldn’t work because she didn’t know English and she also had a kidney problem. So, my brother (Andrés) and I were the ones who worked. I had just turned 17 and my brother, 19”.

Where did you work?

“In UPS (United Parcel Service), because they had an agreement with the University of Louisville. If you worked from midnight to 4:00 am you would get paid for college. That’s why we came here, because my mom told us ‘they work, they have health insurance and they can go to university.’

Seasons passed and I remember leaving UPS at 4 in the morning and seeing snowfall and snowflakes… I thought I was in Harry Potter, it was the most beautiful thing in the world”.

 How have things changed since those years?

“We arrived and there weren’t many Latino people, there wasn’t that sense of community. You would meet someone out there, but it was only once in a while.»

Was it difficult for a Colombian family, coming from a place where the human warmth of the people prevails?

“Yes, it was a culture shock that makes one become closer to the family. We knew we were here to work hard. In Colombia, a young person’s job is to study and get good grades. Instead, coming here was to become responsible for a house.”

These photos, courtesy of Natalia Bishop, speak for themselves, of the life of a female entrepreneur and her story of working hard to achieve success.

… responsible for a family.

“I am the middle child. We are three: my brother, who is two years older than me, and my little sister (Daniela), six years younger. My mother was, as we say, ‘a boar’: she worked like a mule and she was a single mother with three children. And my grandmother also came. A matriarchy, rather. But when you see your parents reduced in the sense that my mother did not work and could not speak English, the dynamic changes. One is forced to grow up very quickly. Although I was 17 years old, I had to be, in a way, the head of the family, but with the Hispanic structure; that is, that you contribute, but you have to respect your parents. I think that’s the experience of many children when they first come to the United States, they have to contribute quite a bit. They have to act as a translator between their parents and the school or whatever… and well, that changed my life”.

Has your character changed?

“Yeah, I was still in college and doing so many things with three jobs. I worked at UPS until 4 in the morning, slept for two or three hours and went to the university from 8 to 12 pm. From 12 to 4 in the afternoon I would go to State Farm to sell insurance. And from 4 to 10 p.m., I worked at Applebee’s.»

At what time would you rest?

“I  did not rest, I was skinny. But it was very cool, because I was able to meet people from Nigeria, Senegal, and many refugees, Mexico, Guatemala. And, it was this sense that there are other people who are going through such interesting experiences that you say ‘well, I have it difficult, but look at this person who comes from a community in Africa, where there is no water’. I’ve never been through that, and things take on a sense of compassion and empathy.»

What did you study at the University?

“My dream was to be an animator for Pixar. Work on things with cartoon design and animation, as they are called in Colombia. Movies have always fascinated me. The decision was to go to California to study that and leave my family, but I told myself ‘I can’t do that’. I was always looking for something creative, designer things, and I got into Jefferson Community & Technical College (JCTC). I started there and graduated as a design associate. Then I went to Sullivan University to study cooking.

Since I love cooking, it went really well until the cake baking part came. And making cakes is like an exact science… You have to follow the instructions, the steps, and that’s not what I’m good for. It took me a lot of work, so I realized that life as a chef is very demanding: you are never with  family on Saturdays or Sundays… It was very demanding for me. Although someday I will own a restaurant!”

You didn’t finish at Sullivan?

“I did not finish despite the fact I only needed the semester of desserts. So, I said ‘well, let’s see what I can do in the business part that I have always liked’. My first business was when I was about 10 years old at school, selling sandwiches, because the cafeteria food was not very good. I entered the University of Louisville and did ‘Business Administration’. At the same time, I was already going through the administration part, I was in sales with a company called ‘Limited Brands’, I was still at UPS and working nights. Then I got married and had my first baby.

At what  age did you marry?

«In 2008 and I was 23 years old, I was still going to the University.»

Did you marry a college roommate?

«Nope. We met on eHarmony! (website to meet a couple). They were starting online dating.”

Were you also a pioneer in that?

“It’s my mom’s fault (laughs). Because I had a boyfriend of many years, and things were not going well. We broke up and I was single for about a year and a half. Since I worked so much, I didn’t care. But my mom told me ‘you only work and study, you can’t live like that’. Then the ‘eHarmony’ commercial came out on television and she told me: ‘if you don’t make that page, I’m going to make it for you.’ Imagine, she sat me down to make the page. The rest is history, there I met Steve, who was my only ‘match’. We have now been married for 14 years. When I had my first child, he totally changed me. He asked me, «how am I going to ask him to follow his dreams, to do what makes him happy, if I’m not doing the same”.

What changed?

“I went on with my life. The ‘college’, corporate work. I  was earning well for a 23 year old. But I was never with the family because I was always working. Sometimes corporate life stifles innovation, new ideas. I knew I wanted to get out of the mold with something creative and also corporate, business, but not follow the same line  I felt was stagnating”.

Were you faced with the dilemma of taking risks, of changing everything?

“I was thinking that I could take  a break, because I had been on the work train  since I was 17 years old. I never had time to think about what I wanted, but everything was as it came. After three or four months of doing nothing because of motherhood, the first idea that came to me was to return to my creativity. You need money to survive, but you also need to be well.

At that moment, I saw that I had not painted for many years. What if I start painting and making pictures and they can be sold? Suddenly, I began to think about how to monetize, to sell online. I didn’t know what else to do until I started taking photos of my child. I had bought my husband a cool camera, because he is very technical, he is an engineer. He didn’t use it and I started looking for tutorials on how to take good photos. Several people saw them and asked me to take photos of them. ‘This can be a business I told myself’. A friend told me that her sister was getting married and I took photos of her. I put them on a website and boom, I’m a photographer! Thank God I had some savings and my husband supported me. I wanted to stay home with the kid and open a studio.»

A dream come true

In 2016, Natalia founded ‘Story’ as a 1,500-square-foot studio for photographers, as she had successfully dabbled in that art. Over the years, the space became the meeting place for artists and entrepreneurs looking for a place to work.

In 2017, 12,000 square feet were added to the ‘The Center By Sidis’ building. «More than a physical space, ‘Story’ is a dream come true to encourage more people,» says Natalia.

How did the idea for Story come about?

“First I opened a studio, which is called ‘Chocolate Box Photography. That’s where I started, there were four years taking pictures. It went super well for me, I had the studio in my house and my business model was already (proven) after a year and a half. I earned the same as my corporate job. I was doing super well. At the age of three or four, I had my other daughter. They began to go to school, to pre-kindergarten, and I said to myself ‘now we are going to start with everything; to put up a real studio.

I went to Butchertown and found a place that cost $2,000 to rent. I looked for four more people and I asked them to make a group. I knew a lot of people in the photography community, we had contact online, on Facebook. We talked to each other and we met once a month. Until four women joined us and said we are going to start the business.

We split the rent. It was 2014 or 2015, and at that time we didn’t even know what coworking was and did super well. The four businesses began to rise and I even had to hire another photographer for my own studio. I realized that there was a multiplier effect, because in collaboration, with transparency, knowledge could be chained”.

The coworking idea

“I went with my mom and we took the savings. We opened and that’s where ‘Story’ began, because it’s on ‘Story Avenue’ and because we are the stories of our city. We open the membership model. It was ‘look, you give me 50 dollars and you can come to work here with wifi and coffee’. That would be around 2016 and I followed up with ‘Chocolate Box’. ‘Story’ started a little slow.”

An initiative that was just consolidating

“‘NuLu’ already had some stuff from people doing something cool. What I did was connect with entrepreneurs. I started talking to a lot of people and they told me the same thing: there are no resources, no capital, no training”.

Was it difficult to raise funds for the entrepreneurs?

“Almost all were white men. I realized there were no women, there were no people of color, there were no Latinos. It was like despite having the best idea in the world, you weren’t going to win. It is very different from what it is in San Francisco or New York, where you come up with an idea and there are those who listen to you and say ‘connect with such a person or come’. After a year and a half of coworking in Butchertown we went to ‘NuLu’ in a 5,000-foot building. And I changed the model a little more, not only membership, but offices, a photography studio and we grew. The ‘Story’ brand was established. Being with people, one gets stuck with the ideas”.

‘Story’ becomes a brand

“I realized that many of these people who were releasing things were normal people. One sees that Mark Zuckerberg (owner of Facebook) is a superhero, but no. They are intelligent people, who have confidence in themselves that no one is going to stop them. And I said ‘if those people can, why can’t I?’”.

Growth exceeded the initial expectations

“I had the idea of bringing more people. We did creative classes. Since I had a good network of creative women, and what we did was say “come on, be a teacher of such a thing, sewing, and let’s give a class. I sell the tickets, I bring you 20 people and I give you 150 dollars. It was like a marketing method to attract people to the place and it ended up being a business. I released ‘Level Up’ on NuLu in 2017.»

How did you manage to get capital?

“That part was egregious. I went to the bank and they did not give me loans. But we had a publication called Louisville Business First, and I met a friend who had investments. I asked him, we talked, and he introduced me to the investor who lent me $200,000. If I had not met this person, ‘Story’ would not have been possible. Now, we are thinking of another location for the following year”.

How was Story affected by the pandemic?

“The hard part was the events. 30% of our income comes from events and since everything stopped for two years, we lost a lot. But in the office we only lost one client. A lot of people couldn’t work at home and came here, to escape, haha. We now have nearly 200 members, between dedicated offices and people who just come in with their laptops and work all day. Those who did not come kept paying, we also did virtual events, so that people would continue to be healthy. Always identifying the needs of the community to bring it. That was the other business, ‘Level Up’, which we launched in 2017 (along with ‘Story’) and in 2018 I was already thinking about how to do it to scale. We were doing very well, we took it to Lexington and the first thing you think of is a franchise. But I thought about what would happen if I put technology in it. I contacted a friend in Colombia who had his own technology development company and I proposed to work together and we launched the product in February 2020”.

At the gates of the pandemic

“We had to make a giant change, because our classes were in person. The software was to bring the people in and sell the tickets. We did the classes live, but online. And that took off! We had 5,000 users, people from all over the world, people in India taking classes from teachers in Canada. ‘Level Up’ was no longer just a specific proposal for women and craft classes (manual arts, crafts), but for finance. We had (the portfolio) open for anyone who is an expert in something to propose. We started to do very well, we had 5,000 users and almost 250,000 dollars in revenue. All of this happened in a period of five months. As this was sticking with my first employee, who became a ‘co-founder’, we decided to do it for real and once again I had to go looking for capital. But this time we no longer needed 200 thousand dollars, but a million”.

One million dollars?

“I already had a technology company at scale, that if we stay in several locations, is going to come to about 20 million dollars a year. We are talking about hundreds of millions, on a global scale. It’s a totally different game. It changed my way of thinking and, at the same time, I decided to focus on mentoring Black and Latina women. I started to do my ‘fundraising’ (raising funds) towards the million. I spoke to 118 investors and a fairly large group from Indiana. Six or seven months passed until they answered me that they were very happy with everything, but that we must wait and see what happens until the ‘sprint’ (work progress). Personally, it hit me very hard, because I had already been putting my face there for seven months and you get tired.

Options?

“I began to look for a lot of the literature of that time. There was an article from ‘Forbes’ that said that 59 Latina women in the entire history of ‘Venture Capital’, which moves about 200 billion dollars a year, had raised more than a million. And I had no doubt that I  could be number 60. So, there was like an invisible barrier that I wasn’t seeing. I was disappointed with the system. I wondered why I couldn’t, what was happening. I realized that, although I had my family, health, the house, the car, what I really wanted was to achieve it and find another path. So, I went to ‘Stanford’ in 2021 and in February of this year I joined a ‘Venture’ fund, called ‘Renew VC’, which focuses on entrepreneurs with projects at scale”.

What are the future plans for 2023?

“Some investments. We are going to triple the amount of space, I want to focus on incubation. If we look at Latino entrepreneurs, we focus on food, products that go directly to the consumer, textiles,  handcrafted things, we will see how we can make the leap and help more entrepreneurs”.

And your family doesn’t ask you to stop for a bit?

“My husband tells me that every day! But I will never retire. Never. ‘The thing is that you can’t stop!’ Money is a motivator, but it’s not the most relevant thing. Being an entrepreneur is the fastest and most accessible way to change a person’s life. Immigrants are the best entrepreneurs. The data is there and is a reality”.

Business, empathy, inclusion, women

«That is my personal experience. I know what it’s been like to be the only woman at the table and to be put down. And if one does not come to serve, then why come. I come here to be happy and what makes me happy is to see people happy”.

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